jueves, 28 de abril de 2016

El pálido azul del alba




Suaves oleadas de viento alborotaban las débiles ramas del solitario árbol que vigilaba la aun sombría plazoleta. Las hojas volaban llevadas por el viento y cuando estaban a pocos centímetros de tocar suelo eran obligadas a alzar vuelo por una nueva ventisca. Las hojas susurraban tristes porque el viento las alejaba de la tierra que añoraban tocar para poder dormir en el lugar que les dio la vida, volver allí para descansar, ser parte de la tierra otra vez y vivir una vez más un nuevo ciclo. Aquellos tristes susurros estremecían a una joven muchacha que observaba el luchar de las hojas contra el viento, aunque para ella parecía más una danza que una lucha. No había pasado la noche en aquella plazoleta, provista de pocos espacios verdes, rodeada de palmeras y apenas un árbol, sólo llevaba media hora observando como el viento despojaba de sus ropas al solitario tronco. El por qué estaba allí era un misterio para sí misma.
Minutos atrás dormía tranquilamente en su habitación, pero de pronto la oscuridad en que estaba sumida su mente comenzó a tomar color. Abrió los ojos sobresaltada, con el corazón agitado en una mezcla de alegría y tristeza. Intentó recordar y revivir el sueño que la habían dejado con tan contradictorios sentimientos, pero en su cabeza no había más que un color y una voz familiar que decía “te extraño”, tampoco podía recordar de quien era esa grave pero dulce voz. Faltaba poco para el amanecer y al no poder volver a dormir decidió levantarse más temprano de lo común. Llegó a la cocina pero no tenía ganas de desayunar aun, se asomó a la puerta para ver cuando comenzara a aclarar. A mitad de la calle donde vivía se encontraba la plazoleta y un conocido y fuerte impulso la llevó a caminar hacia allá. Muchas mañanas había tenido ganas de ir hasta ese lugar y sentarse a ver como amanecía mientras las aves despertaban y empezaban a entonar alegres melodías, pero el tiempo para ella siempre era corto y tenía demasiadas cosas por hacer. Ese día siguió el impulso que tantas veces se negó, algo le decía que era importante estar allí, aunque no sabía qué. No sabía que nuestro corazón y nuestra alma nos hablan, y solo basta un poco de atención para oír y entender sus avisos.
El alba regalaba las primeras luces del día y la muchacha alzó la vista para encontrarse con el azul pálido que pintaba el cielo en esos momentos, notó que aquel era el mismo color que inundaba su sueño. Su corazón comenzó a latir con más fuerza, al son de la silenciosa melodía del destino, sólo debía esperar. Pero un extraño sonido, fuera de lugar, perturbó la paz que se instalaba en su interior evitando que su alma aflorara para entregar el mensaje que tantas veces había intentado dar. La alarma del celular le indicó que era hora de volver a casa, que sus padres pronto se levantarían. Sintió un fuerte dolor en alguna parte de su ser cuando se levantaba, un dolor extraño. Sus ojos se aguaron sin querer al ella ignorar aquel reclamo de su alma. No podía retrasar su rutina, en su mundo no había tiempo para presentimientos, menos para buscar sueños que no recordaba.

Un par de hojas lograron su propósito, llegaron a tierra, por fin descansarían en la cuna que los vio nacer. Sólo unos segundos después crujieron bajo las zapatillas de un cansado muchacho. Él todas las mañanas salía a correr para relajarse y olvidar por una hora el estresante mundo en el que vivía. Necesitaba tiempo para sí mismo. Sin saber por qué, siempre llegaba a la misma plazoleta. Siempre se detenía frente al árbol que ahora se despedía de sus hojas. Le ofrecía un poco de agua de la botella que llevaba para beber él. Luego cerraba los ojos, respiraba pausadamente y se quedaba esperando. Sabía que algo sucedería allí en algún momento, lo sabía. Pero como cada día, los segundos, los minutos pasaron y una tristeza llenó su alma. Antes que fuera demasiado doloroso, él abandonó la plazoleta.

Ella vivía de la “realidad” por lo que los deseos de mirar hacia el solitario árbol fueron ahogados con la obligación de leer el texto que llevaba en sus manos, mientras iba sentada en el asiento trasero del auto de su padre. Estaba tan acostumbrada a ignorar a su corazón que él perdía fuerzas, su voz se hacía más débil mientras trataba de decir que su otra mitad estaba ahí fuera buscándola.

 El azul pálido cambió transformándose en una nueva mañana mientras dos almas que se buscaban, se alejaban sin saber lo cerca que habían estado la una de la otra. Tal vez el alba siguiente los hiciera reencontrarse o quizás aquella muchacha no lograra oír lo que su alma y corazón gritaban, por lo que el reencuentro tuviera que esperar hasta el próximo ciclo, hasta sus próximas vidas.

Regreso


¡Cómo echaba de menos esto!

No sé si alguien aún me recuerda o si alguien verá esto, pero he decidido regresar a publicar.
Desde 2009, cuando empecé con la historia de las demonias, he escrito varias historias y un par de libros que algún día verán la luz, pero otras no terminé como la de las demonias. Ahora publicaré las historias que terminé de escribir, así no sucumbiré a la presión.

Volveré de a poquito a visitar los blogs que seguía, espero encontrarlos activos *-*

 Dejaré, mientras tanto, un cuento que publiqué hace mucho.

Cariños a quien lea n.n

Allison